sábado, 14 de agosto de 2010

lunes, 8 de febrero de 2010

sábado, 9 de enero de 2010

__Ministerio en la Cárcel de Pozo Almonte__


El jueves 5 de Noviembre, Nora, Nery y yo (pastor Santiago), visitamos por primera vez a Duncan Salinas Duque, que es un joven que está preso en la cárcel de Pozo Almonte.

Supimos de Duncan a través de su madre, que es una hermana en la fe, en la ciudad de Valparaíso.

Duncan practicamente no recibía visitas debido a la distancia de la familia y al alto costo que implica, por lo que toda ayuda que pudiéramos darle sería bienvenida.

A esta fecha lo hemos estado visitando por lo general cada dos semanas, y a través de él hemos podido acoger también a un amigo suyo de nacionalidad colombiana.

No tenemos ninguna duda de que Dios nos abrió esta puerta para servirle y servir al prójimo. Ninguno de nosotros tenía experiencia en un ministerio carcelario, pero Dios nos ha estado capacitando.

De primera, fueron traumáticas las exhaustivas revisiones al ingresar a la cárcel. Poco a poco hemos estado aprendiendo a conocer este extraño mundo tras las rejas.

Gracias a Dios, hemos podido ser útiles como iglesia tanto en lo material (ofrendando útiles de aseo, alimentos, materiales para trabajo, una radio con reproductor de CD, etc.) como en lo espiritual (presentándoles constantemente el evangelio, orando con ellos y por ellos, dándoles CD con audios y películas cristianas, regalándoles materiales de estudios bíblicos impresos y libros).

Más allá de las acciones puntuales, lo principal ha sido que Duncan ha tenido muchos cambios en su manera de vivir: en síntesis, ahora está más centrado en Dios que en sí mismo; está buscando la gloria de Dios sobre todas las cosas; está compartiendo el evangelio a otros en la cárcel (a creyentes y a no creyentes).

Por nuestra parte, nosotros también hemos sido despertados a la evangelización y a la misericordia en este medio tan difícil de vivir. En lo personal, donde vaya, no dejaré de recordar lo experimentado en estos dos meses. Recuerdo que como iglesia hace varios meses hemos ofrendado útiles de aseo para los internos en las cárceles de Iquique y de Alto Hospicio, pero haber tenido este encuentro personal nos ha cambiado la visión de esta extensión del ministerio.

Algo que también nos anima a seguir adelante es la continua gratitud de la hermana Jacqueline Duque, que es la mamá de Duncan. Al recibir su alegría y sus oraciones, de ninguna manera nos cansamos de hacer el bien.

En la foto superior aparece de izquierda a derecha: el pastor Oscar Faúndez (Capellán Regional Evangélico de Gendarmería, quien nos ha acompañado y ha ayudado a abrir puertas en la cárcel), Nereida Vera (cocinera personal para Duncan e intercesora), Nora Varas (proveedora de estudios bíblicos y apoderada de Duncan en su trámite de petición de permiso dominical), y Santiago Castro (pastor de Acym Cavancha).



La comuna de Pozo Almonte es capital de la Provincia del Tamarugal, en la I Región de Tarapacá. La ciudad se ubica a 52 kms. al interior de Iquique. Su población aproximada es de 15.ooo habitantes.
Como se aprecia en esta foto, tomada a sólo 200 mts. de la cárcel, Pozo Almonte se encuentra en pleno desierto de Tarapacá, pero su nombre se debe a sus reservas de agua, que proveían a los pueblos mineros más cercanos.



La cárcel de Pozo Almonte está hacinada. Todo el mundo lo reconoce así. Actualmente recibe a unos 300 internos entre imputados y condenados. A diferencia de la cárcel de Alto Hospicio, no tiene módulos para evangélicos, pero cuentan con una iglesia interna, y desde este mes de enero, el capellán regional los visitará todos los miércoles. El miércoles 6 estuve con ellos, junto con el capellán Faúndez.



Todo un personaje en la cárcel es don Luchito.
Cada día de visita él hace de taxista entre Iquique, Alto Hospicio y Pozo Almonte, a precios muy convenientes.
Además, como no se admite el ingreso de muchas cosas en horario de visitas, él hace de custodia de llaves de auto, moneda extranjera, celulares y encomiendas de todo tipo... y todo ello lo hace sin mediar comprobante alguno, valiéndose solamente de su prodigiosa memoria, y a cambio de una simple propina. ¡Es como para llevarlo a Sábados Gigantes!